Alicia [15]
Las aparentemente interminables extensiones de Haradán no es más que uno entre una serie de mundos habitados por una multitud de seres fantásticos. La mayoría de los residentes de estos mundos ni siquiera sospechan de la existencia de los demás, ni conocen en absoluto a la gente que vive en Haradán, pues los mundos están separados por una barrera que resulta impenetrable para los simples mortales, y solamente los mejores hechiceros son capaces de emplear la magia para atravesar esta cortina. Uno de estos mundos es el de Irtita, sumido en una noche eterna. Sus oscuros valles y las orillas de sus mares, negros como el pez, no están solo habitados por humanos, sino también por elfos de piel pálida, que viven varios siglos y valoran la fuerza y las habilidades de combate más que ninguna otra cosa. Sus mujeres no solo son hermosas, sino que se interesan por las artes marciales tanto como los hombres y no son menos fuertes que ellos en los campos de batalla, iluminados solamente por la tenebrosa luz de la luna.
De acuerdo con las costumbres de Irtita, las chicas se educan separadas del sexo opuesto. Durante los primeros doscientos años de su vida, no conocen a ningún niño ni hombre adulto, y se dedican a juegos y a entrenamientos con las armas, bajo la atenta vigilancia de instructoras experimentadas. Tras este período comienzan a sentir un creciente anhelo de ir más allá, por lo que abandonan su reino de doncellas y parten en busca de su «otra mitad». Buscan incesantemente la felicidad, enfrentando sus espadas con las de hombres una y otra vez, pues solo un hombre capaz de derrotar a una elfa en combate puede esperar conseguir sus favores.
Las tres lunas y multitud de brillantes estrellas que constantemente iluminan los campos y colinas de Irtita con su trémula luz, se unieron en una combinación única en el momento en que Alicia llegó a este mundo. Esta combinación mágica en los cielos nocturnos otorgaron un peculiar don a la pequeña: la capacidad de obtener fuerza de los astros celestes nocturnos durante la batalla. Y, como el sol nunca sale en Irtita y los cielos siempre están llenos de estrellas, Alicia se convirtió en una guerrera que no ha conocido jamás la derrota. Los elfos, que habían oído a sus ancianos y sabios hablar de mundos en los que la noche se veía reemplazada por el día, comenzaron a llamar a Alicia la «Reina de la noche». Al llegar a los doscientos años, Alicia se dio cuenta de que su don, en realidad, era una maldición: uno tras otro, iba venciendo a todos los hombres de su tribu, sin llegar a encontrar a alguien capaz de igualarse con ella. A pesar de su peculiar belleza y nobleza, parecía que la existencia de Alicia fuese a acabar teniendo un trágico final, pues los elfos adultos no son capaces de soportar la soledad y se van marchitando poco a poco en los siguientes siglos.
Alicia ya se había resignado totalmente a este inminente descorazonamiento, cuando llegaron a ella noticias de un poderoso hechicero, temido incluso por los guerreros más fuertes de Irtita, que había pasado toda su vida luchando en batallas y cazando monstruos. Alicia buscó al mago y lo retó a un duelo. Sin embargo, ni siquiera los más antiguos y potentes conjuros empleados por el mago le ayudaron a vencer a Alicia. Es difícil estimar si el mago era realmente más débil que Alicia, o si se limitó a dejarse vencer por ella para poder regresar tranquilamente a sus quehaceres y aventuras propias sin que el romance lo distrajese, pero aún así, mientras se recuperaba del combate, escuchó compasivamente la historia de la desventurada elfa. «—Jamás encontrarás un igual aquí, hija de Irtita. Los hombres de esta tierra nunca serán dignos de nada más que de afilar tu espada y arreglar tu armadura. Pero conozco un mundo bañado por los rayos del sol en el que los cánticos de la batalla no mueren nunca, como el romper de las olas no se detiene nunca en la orilla del mar. Los habitantes de ese mundo se llaman «personas», y sus batallas sin tregua han acabado por convertir a los representantes de esta raza en seres fuertes y sin clemencia. Lo que es más, disponen incluso de una armadura especial, llamada Juggernaut, con la que las personas llegan a igualarse a los dioses de la fuerza. Ese mundo se llama Haradán y, si alguna vez has de experimentar la amargura de la derrota, que para ti puede parecer más dulce que la miel, será en ese lugar. Te ayudaré a llegar allí con mis hechizos, y así podrás intentar buscar a un compañero digno de ti...»

Tan desesperada estaba Alicia, que accedió ante esta propuesta del mago sin pararse siquiera un momento a pensarlo. Una vez lanzado el hechizo, el aire que rodeaba a la elfa comenzó a girar y agitarse y, junto con él, las oscuras montañas comenzaron a sacudirse frente al cielo del crepúsculo. El suelo comenzó a hacerse más blando, como el tierno musgo de Irtita, hasta que finalmente desapareció por completo debajo de sus pies. Un momento después, Alicia tenía que cubrirse los ojos para protegerse del deslumbrante resplandor del sol de Haradán. Su delicada y lechosa piel élfica, hasta ese momento mimada solamente por el brillo plateado de la luna y el centelleo de las estrellas de esmeralda, comenzó a arder como si la hubiesen bañado en agua hirviendo. La legendaria fuerza de Alicia la abandonó, dispersándose al igual que las sombras nocturnas en cuanto se acerca la mañana. «—De todas formas, no sé qué aspecto tienen aquí los hombres...», se dijo Alicia, volviendo a protegerse los ojos de la cegadora luz del sol, esta vez con la hoja de su inseparable espada.
Quien salga victorioso de una batalla contra Alicia, puede contar con su eterna lealtad; la afilada espada de la elfa, ligera como los rayos de luz nocturna y afilada como la hoz que es la luna creciente, hará caer a tus enemigos como trigo seco. Solo debes recordar invocar a Alicia para luchar a tu lado cuando el sol ya se haya puesto en las tierras de Haradán, para que la luna y las estrellas doten a la «Reina de la noche» de un increíble poder.